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martes, 19 de enero de 2010



Este blog no existe (todavía)


Este blog es el eco de palabras e imágenes que aún no existen.

Una idea que aún no se ha materializado: la revista impresa “Transeúnte: Nómadas huyendo en la ciudad” albergada en la mente tozuda del Colectivo Transeúnte.

Hemos decidido extender esta idea a las redes del ciberespacio. Tan efímeras como una idea inconclusa que reposa angustiosamente en el código binario de las historias intangibles.

Temerosos de la virtualidad, de ser apenas una curiosidad de pantalla, hemos decidido habitar un tiempo en la red, desafiando la coherencia y consecuencia del anhelado contacto físico.

Internet es un medio que permite inventarse identidades, componer universos ficticios e imaginar que alguien al otro lado de la pantalla mira y lee este sueño de revista, de expresión física, en papel.

La palabra virtual indica un aparecer en tanto potencia, como cosa descrita, narrada y referenciada, sin volverse existencia. Y aunque nosotros vamos en contra de la virtualidad, mientras tanto, ficcionamos nuestras ideas en la red. Metáfora del espacio social, ironía del Ser, Aquí y simulacro del convivir cotidiano.

Quienes han seguido este espacio, entenderán la nostalgia de producir en la WWW. La revista no llega hasta este medio, sino ejercicios de calentamiento, porque apostamos a la posibilidad de hacer realidad esa impresión en papel, aunque nuestra presencia en este blog sentencia a la nostalgia de recorrer las calles sin un ordenador.

Explotar el blog no es entrar a la agonía, pero es vivir en angustia. La imprenta no llega y mientras sucede, tratamos de reducir la presión que el cúmulo de palabras apelmazadas oprime al quedarse sin espacio. No nos ha quedado mas que inyectarnos la fibra óptica en la creatividad.

Entendemos al blog como un simulacro de lo cultural, una forma más de representación de lo creativo, pero queremos llevarle la contra a esa idea de lo virtual como existencia. Sin sustituir, entramos a un diálogo de resonancias digitales. Actos que sólo funcionan aquí como extensiones de la mente.

La revista materializa el sentido de este colectivo, mientras que Internet apenas lo sugiere. Ambos medios buscan azuzar la interacción y el contacto directo entre interlocutores y usuarios. La búsqueda melancólica de retornar hacia la toma de los espacios públicos y la comunidad que huele y tiene rostro.

Apuntes de viajero: naturalistas de la urbe.

Pensemos en este blog como el recuerdo plasmado de un viajero que recorre las calles, dejando constancias de su transitar. Escribe y plasma su memoria inmediata en los objetos cercanos.

Viajero de ojos en las manos y cuerdas bucales en los pies. Camina por las calles grabando sus marcas en muros, puentes o edificios, son su cuaderno de apuntes, que le permiten dar permanencia a aquello efímero o permanente que ha visto en su camino.

Lo que vemos en el blog son los indicios de un transcurrir, que amuebla con fantasías y realidades los terrenos baldíos de la Ciudad.

Pensemos este espacio como una extensión del territorio de las ideas. Este soporte-blog es la grieta de la habitación donde asoman los agorafóbicos sin rostro, que reposan y husmean al exterior, tal vez por el miedo de abandonar la comodidad del hogar.

Cada vez, en sitios anónimos, el viajero se sabe observado y testimonia las miradas huidizas en la pared. Entre grieta y grieta sutiles signos (auténticos fósiles contemporáneos) esperan ser borrados o renombrados por otros viajeros y no como consecuencia de la erosión humana.


sábado, 28 de febrero de 2009

Editorial #00


Caminando por la urbe de esta gran Ciudad de México, el transeúnte circula su cotidiana vida en la soledad. Vida fugaz e intrascendente que a la velocidad de los medios de transporte y de la comunicación va mimetizando su identidad con el rostro común de quien se esconde en la multitud.

El contacto físico se ha perdido hasta en los tumultos del metro, el microbús, el tren suburbano o el Metrobús.

Apenas consciente, este nómada de sí mismo sale del teléfono celular o el Ipod sólo para gruñir la invasión de su espacio, pelear con algún histérico desencantado y recuperar su cápsula virtual.

Ahí en esas calles o en esos andenes se sumergen las historias de la vida citadina. Una doble vida: la física que deambula y se traslada del trabajo a la casa, de la casa a la escuela, va al supermercado a las cuatro de la mañana y se desploma en alguna cantina, en algún antro o concierto.

Vida física que pierde la geografía y se reproduce en el territorio personal, un viaje cíclico de computadora o video juego que da paso a la virtualidad. Ahí, en ese espacio sin espacio se configura una doble vida que se duele de desencanto resultado de la soledad. Nuestra identidad convertida en dígitos de password y códigos de barras.

Ciudad que traga y fascina, conecta y desconecta a sus habitantes dándole esquinas y refugios para huir.

El Transeúnte lucha también constantemente por evitar sucumbir a la atomización que implica el estrés diario y sus múltiples horas para desplazarse de un lugar a otro; el chilango construye entre los escombros del smog y las garnachas nuevas condiciones de vida; pasea por el Centro Histórico sorteando los tumultos cargados de bolsas con sus últimas ofertas; grita en el Zócalo el 15 de septiembre y más humildemente, logra exprimirle horas a la semana para tomar la chela con los amigos, para ir al cine con la pareja; utiliza el Ángel de la Independencia como el inicio de la protesta y la culminación de la victoria y todavía no olvida el llorar una decepción entre el mariachi de Garibaldi.

En la calle cruzando el semáforo, entre edificios grises y autos veloces el transeúnte tiene la sensación de caminar en muchos mundos que no se tocan y no se pertenecen pero evocan las mismas ausencias.

La Revista Transeúnte busca desenterrar las historias como una forma de superar el aislamiento.

Revista que en la materialidad da pertenencia a la efímera virtualidad. Nosotros los de a pie sobrevivimos al desencanto en la diversidad. Mundos de donde venimos y a los que podemos ir.

El transeúnte rompe el desierto urbano dándole expresión a sus pasos. Rompe el cerco virtual y la indiferencia buscando con la publicación hacer de la pausa de traslado una posibilidad de tregua. Se trata de huir y sumergirse en un mundo de texto e imagen y hacer frente a esa virtualidad que nos hace ajenos. Un intento de develar el espejismo de la soledad.

Cada historia contenida en Transeúnte son pequeños actos subversivos en contra de la reclusión emocional. En estos tiempos desoladores donde parece que Chilangolandia sólo está conformada por millones de individuos, nosotros nos atrevemos a decir que la Ciudad de México se conforma por millones de grupos, de historias colectivas que se entretejen y permiten tender puentes en común.

Experiencias que aglutinan no sólo el imaginario social, sino que conforma una serie de historias capaces de desafiar al monstruo de asfalto y negociar una tregua con él.