
Preparamos la fiesta a detalle: listas de invitados, la mejor selección de música, 7 cartones de caguamones de cerveza, tequila, vodka, listas de precios, adecuación del espacio.
Estábamos inseguros ¿y si la banda no venía? Perder la inversión, pésima opción, si nos falta dinero para entrar a la circulación y comenzar la pelea por lectores, por compradores.
A las 10 de la noche ya estábamos preocupados… los llegados eran pocos y las multitudes seguían sin aparecer. A eso de las 12 dos invitados se fueron, seguro porque la fiesta no amarraba pero, sin darnos cuenta, de repente EL DEPASITO estaba lleno.
Diversidad es palabra que podría definir la asistencia: diseñadores, fotógrafos, bailarines, politólogos, investigadores, abogados, trovadores, burócratas, comunicólogos, letristas… todos bailando, platicando y, afortunadamente ¡bebiendo!
El sonido estaba increíble y la DJ lo aprovechaba para hacernos bailar. El calor se hizo agobiante, sudábamos por todos los poros, bebíamos más. Café Tacuba, como siempre, impulsó la comunión. Por unos instantes las tribus, casi endogámicas, se rompieron. La diversidad Transeúnte en pleno; todos diferentes y todos con la posibilidad de tender puentes que desvanecen las fronteras imaginarias que nos aíslan en esta Ciudad de México.
Unos se iban y otros venían, los penúltimos llegaron a eso de las 4 am, cuando la fiesta era pláticas y risas. A pesar de la hora y el alcohol consumido aprovecharon a Depeche para revivir el concierto de la noche recomenzando la fiesta…
Postdata: Hacemos un reconocimiento especial al barman, que por estar prácticamente toda la noche detrás de la barra, no pudo bailar y le tocó trapear pero bailó un poquito.
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