viernes, 24 de julio de 2009

El autor y su obra

Todo discurso es inexistente en tanto no encuentre a su escucha, y más aún, hasta que no encuentre a su interlocutor. En cuanto a un texto, la letra no adquiere vida sin aquellos que devoran las palabras, que critican o bien, por sentirse tan concernidos, quisieran destrozarlo.

El papel del lector está dibujado con una línea tenue que separa al amor del odio, a la acción de receptor de una idea, resignificador y nuevo autor, paridor de ideas.

Por eso la revista Transeúnte, desde sus autores, desde sus textos, sus diseños y su obra, busca lectores.
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ACTUALIZACION de Almartirio

Estas reflexiones me parecieron pertinentes tras varias conversaciones y lecturas conjugadas sobre el autor y su obra.

Una de ellas fue la idea que expuso nuestra directora de arte y diseño, Rocío Montoya, al expresar que hace falta una reeducación visual, que podemos enseñar a la gente a ver su ciudad, a través de las imágenes y obras gráficas que nosotros podamos producir en nuestra revista, resignificando las imágenes que en ella encontramos. Para mí, Rocío dejó muy clara con esta postura que la labor del autor está íntimamente comprometida con cada una de sus producciones, ya sea para ejercer un papel didáctico, o al mismo tiempo que cuestionan al espectador y le hacen reflexionar su entorno. No el arte por el arte, sino el arte para el actor social. Por ello el espectador, lector, público o receptor, como sea que deseemos llamarle, cobra una singular importancia.

A partir de ello nos surgieron debates sobre el compromiso que un autor debe tener con la obra que produce, y sobre los medios o códigos que debe emplear al generar sus mensajes.

Uno de los comentarios que recibimos en nuestra primera reunión de retroalimentación fue que un texto, una vez terminado, debe ser una pieza por sí misma y que una vez concluido es como si al ponerle punto final cortara todo tipo de nexo o cordón umbilical con su autor, y se volvía parte autónoma que tocaba al lector desentrañar.

Algunos de los presentes dieron a esto cierto estatuto de verdad, mas no de verdad absoluta. Otros disintieron absolutamente. Creemos que el texto o la obra visual producida siempre serán el reflejo y producto ligado a quien lo produce y a su contexto, (histórico, geográfico, social) además de necesitar del lector o espectador para consolidarse como obra.

Esta primera idea también me surgió como resultado de leer el libro Foucault y el Poder, un breve texto de María Inés García Canal que fue elaborado luego de que ella impartiera una serie de conferencias para alumnos de psicología en la Universidad Autónoma Metropolitana, la UAM Xochimilco.

Ella planteaba que era muy curioso que ella estuviera hablando de la obra de Michel Foucault ante sus alumnos, y sobre la manera que Foucault tenía para leer un texto. Ser lector o autor y cómo ejercer ese papel.

Plantea además que, casi en un efecto dominó, ella narra su lectura de Foucault, mientras el mismo Foucault lee a Flaubert, quien a su vez leía a San Antonio, que leía la Biblia... despertando con ello la imaginación ancestral, se generaba también un juego de espejos que establecen que en realidad, todos somos partícipes de un texto infinito, pues además de que la lectura es creativa y estimula y retoma nuevos planos y elementos, también conformarán una imaginación desbordante que no para de circular.

Una imaginación en eterno tránsito....


(continuará)

2 comentarios:

Itz dijo...

La Ciudad como una profundidad de espejos de lecturas y relectura, de sonidos y resonancias, de imágenes y representaciones... en este cúmulo de reinterpretaciones hacemos una pausa para mirarnos desde fuera de la banqueta. Desde ahí queremos encontra la esencia de la autorrepresentación.

Unknown dijo...

Desde ahí...Dónde plasmas codigos para mis sentidos despiertos Y desde aquí dónde me provoca interpretarlos y retroalimentar el espacio que genera opinión.Todas mis palabras son de aliento,magnifica colaboración.