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viernes, 30 de abril de 2010

¡Gracias por acompañarnos!



La presentación de la Revista Transeúnte fue todo un éxito gracias a la presencia de lectores de a pie, de caminantes urbanos, que han ido recopilando imágenes, aromas, historias, de esta ciudad cambiante, la ciudad de México.


Gracias por estar ahí:

Guadalupe Gamboa Ortiz
Maria Fernanda Muñoz Cuadra
Francisco Hernández Domínguez
Adina Barrera
Fernando Rivas
Laura Hernández
Aoztoc Enriquez Ramírez
Diana Ivette Tovar Colín
Angélica Zárate Colín
Aurora Vargas Ayala
Norma Reyes Buck
Guadalupe Rosado
Karen Mora Monzalvo
Rosa María Maya Jaimes
Norma Brambulado
Oscar Maturano Carrera
Luis Gerardo Reyes Coix
Anabella Jiménez Sánchez
Luis Roberto Cejudo Rodríguez
Yaredh Enrique Esquivel Resendiz
Lourdes Hernández Torres
Víctor Hugo Guzmán Horta
María Elena Villalobos Espinosa
José Barrios Miranda
Miguel Bautista Nicolás
Ruth Rodríguez Ortega
Fátima Patchen S
Nancy Martínez Márquez
Jorge Barraza
Manuel González Cruz
Ariel Maldonado Torija
Roberto del Muro
Miguel Nadal Palazón
Eduardo Derbéz Sánchez
Abel Armenta Maya
Lourdes Vega González
Nadia Pérez Mendoza
Samuel Cortés Sánchez
Marco Antonio Sandoval Valle
Jorge Mercedes
María Fernanda Gonllardo
Armando Sánchez Pérez
Oswaldo Olivas P
Christa Rojas
Daniel Pérez Colín
Gustavo Aquino Domínguez
Denisse Ramírez Hernández
Andrés Martínez Chávez
Armando Luján
Alejandro Hernández del Valle
Ma Isabel Llamas García
Octavio García Martínez
Sandra Montoya Uribe
Lucila Cova García

Josefina Estrada

Josefina Estrada es escritora, editora, profesora y periodista.
Nació en la Ciudad de México el 14 de mayo de 1957.
Estudió la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la UNAM. Trabajó en la Dirección de Literatura del INBA, donde desempeñó diversas labores de 1977-1991.

Fue becaria de INBA-FONAPAS, en narrativa, 1980 a 1981 y colaboradora semanal del diario unomásuno de 1987 a 1991. Impartió el taller de literatura en el Reclusorio Femenil Oriente durante seis años que le permitieron compilar los libros Mujeres de Oriente y Me dicen la Narcosatánica.

Es Premio Nacional de Testimonio INBA-Chihuahua 2003 por el libro Con la rienda suelta. Desde 1991 y hasta ahora imparte clases de Periodismo y Géneros Narrativos en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Es autora de los libros Malagato (cuento, Plaza y Valdés, 1990), Para morir iguales (crónicas, Editorial Planeta, 1991), Desde que Dios amanece (novela, Joaquín Mortiz, 1995), Virgen de medianoche (novela testimonial, Patria, 1996), Joaquín Pardavé. El señor del espectáculo (biografía, Clío, 1996), Breve antología. Ricardo Garibay, y Señas particulares. La muerte violenta en la Ciudad de México, texto con el cual obtuvo el primer lugar del Concurso de Crónica Urbana Salvador Novo, 2002.

lunes, 22 de marzo de 2010

Palabras de Jorge Gabriel Ortiz Leroux para la presentación de Transeúnte 19-marzo-2010

La experiencia de la ciudad es un shock. Es una punzada que atraviesa nuestras percepciones y emociones, por lo cual conlleva también lo que apreciamos y lo que detestamos.

     Es la afectación de nuestra cotidianidad, en donde se juntan el tiempo presente y las huellas del pasado. En la ciudad, el tiempo instantáneo que vivimos se entrecruza con los procesos largos y discontinuos, siempre inquietantes. Visto de otro modo, la imagen fija que tenemos del mundo que nos rodea, condensada en momentos intensos y válidos para cada uno, se mezcla con una imagen móvil y cambiante, irrefrenable en su fluir.

     El flujo incontenido de imágenes y percepciones es testimono y huella de lo que ha ocurrido y de lo que está ocurriendo. También es reflejo de los absurdos de vivir en la ciudad, donde encontramos juntos lo más cruel y lo más noble.

     Todas las imágenes, por más excesivas o repetitivas que sean, toman siempre una forma en lo singular, en la experiencia viva y centelleante de cualquier individuo.

     Vagar y padecer la dinámica urbana es, por ejemplo, un acontecimiento que nos marca, y que en la modernidad tiene su momento crucial y relevante con la aparición de la fotografía.

     La imagen fotográfica es instante, fuga y muerte. Es aquello que pasó pero que ya no está, por lo que puede desaparecer y nunca volver o permanecer de alguna manera en nosotros.

     La foto condensa el mundo, juntando espacio y tiempo, y retando al movimiento y a lo visible en el aparente estatismo de la instantánea. La fotografía es como una herida que cada quien descubre y experimenta a su modo.

     A la ciudad como instantánea podemos agregarle la ciudad cinemática, haciendo de la experiencia urbana un fluir incontenido, discontinuo, dislocante. A veces tan crudo como para quedar desquiciado.

     ¿Cómo detenerse en lo irrefrenable y siempre móvil de casa paso, cada mirada, cada lugar, cada regreso? ¿Cómo quedarse con algo de lo visto, sin perderlo todo? ¿Cómo distinguir entre lo fijo y lo fugaz, entre lo apreciable y lo despreciable, que nos atacan sin cesar?

      La experiencia del caminante urbano que somos todos es profundamente visual, es parecida la figura del flaneur que describieran los románticos del siglo XIX. Este vagabundo urbano observa agudamente y plantéa un punto de inflexión: ¿Cómo hacer inteligibles los estímulos provenientes del mundo?

     Quizá actualmente lo importante no esté en ese afán por lo inteligible, ni en la figura del caminante por sí misma, sino en la persistencia en reflexionar sobre lo que vemos, sobre la imagen urbana externa e interna a los sujetos, lo que vemos y con lo que nos quedamos.

     Nada de lo humano nos es ajeno y por tanto es digno de ser contado, han  dicho varios. Por eso contar y dejar que las historias fluyan ó mostrar y dejar que los encuentros emerjan, es un evento plausible.

     TRANSEÚNTE cuenta y registra, permite el fluir de palabras e imágenes, de imágenes que son palabras y palabras llenas de imágenes. Transeúnte registra el instante y se plantea el más allá del instante. ¿Por qué pasa eso que pasa? ¿Porqué no hablar de ello?     

   ¿Por qué el machín del taxi, por qué las losas de asfalto incontenidas, por qué la insistencia en las rutinas que provocan naufragios, abismos y soledades, por qué las obsesiones de la vida virtualizada? O, en otro sentido, ¿por qué no usar tu inigualable jabón Rosa Venus, porqué comer lo que no te gusta, porqué pintar para no morir, porque no jugar con cada uno de nuestros mil rostros?

     La imagen y la palabra, herramientas inagotables de la cultura, son el medio y la proyección misma de lo que queremos ser. Como género, la revista hereda la tradición periodística de la prensa y recrea la literatura mediante una serie de subgéneros (ensayo, crónica, cuento corto, cómic, etc.).

     Asume su caracter de expresión de lo instantáneo pero igualmente de lo que ocurre madurado por el tiempo. En ese sentido, aunque no parezca, las revistas son tan cinematográficas como fotográficas, pues trabajan claramente con secuencias temporales.

     Si la revista difiere de la prensa diaria tradicional es por su temporalidad, por su capacidad de extenderse en las percepciones continuas y discontinuas, permitiendo así reflexionar a cada paso sobre lo que ocurre, además de dejar una huella palpable de ello, planteándose una forma particular de hacerlo y construirlo.

     Transeúnte aborda una ciudad que ya es caos. Nos muestra un conjunto de microtomas que generan correlaciones entre sí. Permite asociaciones y movimientos entre una y otra toma: Risa, llanto, placer, enojo, amargura entre un cuadro y el que le sigue.
      
     Un cúmulo de sensaciones pasan de los personajes al lector, provocando efectos móviles (en mi cabeza, en mis tripas, en el cuerpo entero) que guardan distinta velocidad, tal como se comporta el tránsito urbano. Así como los citadinos (pocas veces ciudadanos) realizamos tres cosas simultáneas pero distintas que son ver, registrar y montar, del mismo modo ocurre con Transeúnte.

     Dziga Vertov, cineasta polaco que impulsó una ola realista en la década de los años veinte de la Rusia soviética, resume así su idea de la creación: el sujeto ve, registra y monta. En esta práctica de elegir y ordenar lo que el ojo ve (la idea del cine-ojo), se generan intervalos que son precisamente los movimientos que existen entre una y otra toma, es decir, mi risa, mi enojo y mi pensamiento como espectador de lo que veo.

     Con el lector de revistas ocurre lo mismo, siempre que las secuencias y las asociaciones visuales y textuales permitan la emergencia de esos intervalos, que bien podríamos llamar intervalos de reflexión.

     Las microtomas de las que habla Vertov son las pequeñas historias que nos revela Transeúnte, y los intervalos son aquellas reacciones que nos provoca, aún en una lectura discontinua. Por ejemplo, podría empezar por leer la revista desde las últimas páginas y la continuidad e intensidad permanecerían, o podría primero leerla visualmente para aproximarme no a la historia literaria, sino a las sensaciones que me provoca, logrando con ello un nuevo resultado.

     Eso nos lleva a preguntarnos qué ocurre con el montaje en Transeúnte, ante lo cual enunciamos a continuación varios aspectos:

- El uso del blanco y negro y el color alternados es una decisión importante. El blanco y negro no sólo es distintivo urbano, sino también una forma de reconocerse dentro de la tradición del periodismo cultural independiente, que enfrenta las restricciones de un medio cada vez más monopolizado y adverso, pero también lleno de inquietudes emergentes. 

    En este sentido, Transeúnte se atreve a reconocer esto y plantearse al mismo tiempo ir más allá con una producción de calidad en diseño y producción, proyectando con ello una imagen contemporánea, alerta a los tiempos actuales.

- El formato es otro acierto plausible. Le otorga fuerza y un gran potencial de exploración al desplegue horizontal, a doble página de la revista. La tradición del comic y el dibujo, tan ricas en nuestro país, que atinadamente elige Transeúnte, representa un buen ejemplo de la riqueza de este formato y de las innovaciones que puede acarrear. Tal como en las calles de la ciudad se actualiza la gráfica popular mexicana, en las páginas de las ediciones independientes se actualizan las producciones de la ilustración y el cómic.

- Las diversidades tipográficas y gráficas, por su parte, ponen en cuestión la idea, casi decimonónica, de que lo estético pasa por lo unitario. Opciones gráficas y fotográficas contrapuestas como el dibujo a lápiz, la tinta china, la infografía, el alto contraste, la fotografía de detalle o desenfocada, encuentran en sus choques constantes la suficiente contundencia para establecer un buen diálogo y una próximidad significativas. La vida urbana es tan diversa en formas y matices como el imaginario pluralista que proyecta Transeúnte. Podríamos decir en este sentido que en conjunto la revista conlleva una unidad distintiva basada en la diversidad.

- En particular me cautiva la fotografía a doble página titulada "Milicos", que plantea un discurso visual muy sugerente de los tiempos actuales. Las texturas de la pared descarapelada, donde aparece el tanque militar forman un mapa que asemeja los continentes del globo terráqueo, logrando así una interpretación del papel que juega la intimidación y el poder militar, en un contexto en el que funcionan como estrategias de los gobiernos para mantener el control social y político. El desgaste de la pared es la punzada que la foto me proyecta, es como el desgaste de las estructuras que sostienen esta estrategia intimidante, que en nuestro país avanza en forma lamentable y sin que aún podamos responder claramente ante ello.

- El equilibrio entre temáticas y géneros en Transeúnte es una cualidad más. Del ensayo a la crónica y a la reflexión personal, lo distintivo es la aproximación al hecho de sentirse nómada y vagabundo en tierra propia, de tal manera que pese a los diferentes estilos y acercamientos visuales y literarios, hay una temática subyacente en toda la revista, que nos confronta sobre la idea propia que tenemos de ser o pertenecer a la ciudad. Esto nos lleva a pensar que la elección de temas de carácter monográfico puede ser una manera muy válida de hablar de nuestro presente y enfrentar los absurdos de los tiempos actuales, que van de lo cotidiano y privado a lo público y político.

     En este sentido, y con ánimo constructivo, considero que Transeúnte requiere, utilizando una metáfora simple, profundizar el filo y la agudeza por las que ha optado. Las temáticas de la revista no por simples son menos importantes; por el contrario, en su aparente sencillez reside su profundo impacto.

     Creo, sin embargo, que la línea editorial debe ser más incisiva y provocadora a la hora de enmarcar estas temáticas. Las imágenes impactantes y violentas parecen ser en la actualidad privilegio de los medios masivos y de la televisión, dejándonos a nosotros una sensación de desamparo e incapacidad de respuesta.

     Requerimos por ello de apropiarnos de nuestra realidad y exponer en la brutalidad de la realidad, la brutalidad de la decisiones que hay detrás de la misma. Quizás sea esta una veta que en algún momento nos exponga a su manera Transeúnte, para contribuir con ello a despejar nuestras mentes, erradicar nuestros miedos y permitir con ello constituirnos de simples citadinos en ciudadanos que sepan elegir y exigir sin el intermedio del poder, de sus estrategias mediáticas y sus tácticas de guerra.

    En las pequeñas batallas cotidianas que expone Transeúnte por una visión de la ciudad diferente y refrescante, encontramos, a fin de cuentas, un camino propicio para rebelarnos de esa guerra a la que nos quieren someter. Bienvenida la apuesta de Transeúnte.

- - -
Jorge Gabriel Ortiz Leroux tiene estudios de Diseño de la Comunicación Gráfica por la Universidad Autónoma Metropolitana, plantel Azcapotzalco 1995-2001. Es Maestro en Artes Visuales, perfil de Diseño y Comunicación, Academia de San Carlos, UNAM. 2003-2006. Actualmente realiza un Doctorado en Diseño, en la UAM Azcapotzalco.
Se ha desempeñado como profesor de tiempo completo de la División Ciencias y Artes para el Diseño, UAM Azcapotzalco. Fue miembro del Consejo de Redacción y responsable de diseño en la revista independiente La Guillotina. Es realizador de los videos documentales Tierna Furia (1995); Fiesta de la Palabra (1997); Trazando senderos, sembrando futuro, (2001); Loxicha, crónica del miedo roto (2002); Libres y locos (2003), Tras la Muerte Viva (2006) y de los cortometrajes El Accidente, Estranguladme!, La Cueva, Dispersión Discordante, y de las piezas en Videostreaming Trayectos al Crepúsculo, Espejo de las Maravillas y Caos, como parte del colectivo DanzaPerra. 

Ha realizado exposiciones colectivas de arte digital en el Festival Cultural "José María Velasco" de Temascalcingo, Estado de México.1994-1996. Exposición itinerante en varias ciudades europeas del proyecto gráfico Destrozarte de mayo a noviembre de 2001, compuesta por collage digital sobre las expresiones juveniles de finales de los noventa en la ciudad de México. Exposición de fotografía Xantolo, tras la muerte viva, septiembre-octubre 2006, Galería del Tiempo, UAM Azcapotzalco.

domingo, 21 de marzo de 2010

PALABRAS de Aura en la presentación de la Revista Transeúnte 19-marzo-2010

Buenas noches a todos. Para presentar esta publicación primero hay que dar las gracias, a ustedes por estar aquí esta noche, a la delegación Azcapotzalco su Dirección de Cultura y su Casa de Cultura, a todos los que han participado en la realización de esta revista: colaboradores, a los que respondieron a las convocatorias, a los miembros de la Asociación Civil Transeúnte y a los miembros del equipo editorial, que me han brindado la confianza para dirigir el proyecto y estar aquí, en esta mesa, hablando en su representación.

Transeúntes trabajando 
-“Ustedes viven como en una comuna, ¿verdad?”- nos preguntó el ayudante de Terminados Gráficos, el día que nos entregaron los mil 50 ejemplares del número 00.

     La pregunta nos pareció chusca, nos hizo reír. Ese hombre lo preguntó honestamente, porque creyó que era posible. Algo halló en nosotros que le hizo pensar tal cosa y es que, durante una semana entera, los transeúntes, a veces unos y a veces otros, anduvimos por ahí.

      Él, de los primeros en conocer la publicación, al mirarnos encontró el punto nodal de la revista, la mayor virtud en la construcción del objeto: el trabajo en colectivo.

     "Transeúnte. Nómadas huyendo en la ciudad" es una consecuencia de muchas causales: aislamiento, vida al compás del segundero, violencia, anonimato, pláticas con extraños, encuentros absurdos y otros venturosos, bromas, sueños y, sin duda, necesidad, quizá necedad, de ir contracorriente.

     Se dice que en esta ciudad uno anda con mucha prisa y que a los amigos hay que tenerlos en Facebook para poder sentirlos cerca: el colectivo se propone, para tal caso, reuniones quincenales de trabajo para convivir, para ser humanos, porque nuestro ethos es ser gregarios.

     Se asegura que las revistas impresas ya no son viables por su costo y por eso la única opción sustentable es publicar en Internet. Pues este colectivo decide que es el medio impreso el que hace contacto real, que “toca” al lector y posibilita un público más amplio, porque es poca la gente que tiene acceso a la red.

     Que la prioridad de cualquier revista debe ser llegar a la publicación, pues para nosotros no, decidimos que antes que eso, estaba asegurar la continuidad, para sí ser revista y no correr peligro de quedarnos en el primer número.

     Que se acostumbra recibir las propuestas de colaboración y el equipo editorial selecciona. Entonces los transeúntes decidimos que el contacto es primero, que hay que generar comunidad, redes, que es mejor la interacción.

     Entonces propusimos trabajar con todos los creadores, a manera de taller, para conocer y criticar nuestras propuestas y hacerlas crecer, porque es ante la visión del otro que tenemos la posibilidad de renovación.

     Pero andar contracorriente no es poca cosa, es un trabajo cansado, duro y muchas veces desesperante. El entorno se impacienta ante las formas de trabajo no tradicionales y se escuchan críticas en el andar.

     Muchas de las voces, bien o mal intencionadas, nos decían que así nunca íbamos a publicar, que no había razón ni derecho de requerir la presencia de los autores para poner la obra en tela de juicio, que lo nuestro era una perogrullada, que las cosas eran mucho más sencillas y nosotros nada más nos estábamos complicando la realización del proyecto poniéndolo en riesgo de morir.

     Ante críticas tan duras que, seamos honestos, sí nos hacían dudar, el equipo se consolidó, se hizo fuerte, casi impermeable, contrayendo la virtud de la tozudez, del esmero a favor del grupo, de la corresponsabilidad, del compromiso allende el individuo, pero también contrajimos el vicio de la necedad, la sordera ante “los extraños”, la dureza del juicio, y una torcida manera de dar la bienvenida a nuevos integrantes, a los que estúpidamente terminamos por alejar, e inclusive, entre los diferendos, nos permitimos astillar profundas amistades.

     De a poco y con mucho esfuerzo propio y de los nuevos integrantes que resistieron todo esto, logramos flexibilizar nuestras posturas y ganamos manos nuevas que dieron un “segundo aire” al número que presentamos hoy.

     Muchos han sido parte de este equipo editorial: Diana Vigil, Alfonso Camargo, Xarenii Guzmán Roque, Israel Gallegos, Daniela Tarhuni, Sofía Mateos, Aura Renata Gallegos, Eufemio Franco, Myrna Armenta, Alma Soto, Gustavo Villagrana, Rocío Montoya, Victor Damián, Bersaín, de la Universidad Nicolaíta, Raúl Galicia, Ricardo Estrada, Eduardo Mirafuentes y Carmen de la Cueva.

     Algunos sólo asistieron a un par de reuniones, otros estamos a punto de cumplir dos años de ritualmente asistir a las reuniones quincenales de trabajo, que siempre son en fin de semana.

     Prácticamente todos aquellos que han trabajado en este proyecto han dejado su huella en él, ojalá al leer la revista se reconozcan. 
     
     La idea de tener un blog fue producto de la innovación de una española que participó de tres sesiones; la revista no lleva el título de literaria porque el término causaba conflicto a una de sus más entrañables colaboradoras; el formato cuadrado llegó prácticamente antes de la impresión y también fue resultado de la intervención de un nuevo integrante.

     Han sido esos ir y venir, las ausencias y las permanencias, las que han permitido al proyecto mantenerse vigente a pesar del transcurrir del tiempo, deteniendo carreras en círculos y posibilitado la renovación.

     De la primera intención de hacer una revista, cuando éramos unos 15 jóvenes universitarios con muchas ganas de publicar, de hacer un medio de comunicación que llegara a “la gente” y difundir informaciones e ideas que los mass media banalizan u omiten, con toda la intención de “hacer algo” un poco más allá de los recintos académicos, salir de las universidades, encontrarnos con la ciudad, están por ser dos años. 
     Sí, el próximo 20 de abril, cumpliremos dos años de ser Transeúntes trabajando.

     Orgullosa y humildemente, el Colectivo Transeúnte se ha convertido en Transeúnte: Arte, Comunicación y Culturas, A.C., con el fin de asegurar sustentabilidad y ampliar nuestro margen de acción, realizar nuevas propuestas de trabajo, poder invitar y recibir nuevos integrantes a la revista y otros proyectos que apenas están germinando.

     Gracias a ustedes y a nuestra amada Ciudad de México, aquí seguimos y seguiremos, sumando manos, acrecentando sueños, dibujando escenarios,

     Nosotros, los de hoy, más los muchos de mañana, somos Transeúntes y estamos trabajando.

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Aura Renata Gallegos Vargas es directora general del ejemplar #01 de la revista Transeúnte y forma parte de su consejo editorial.

Es Historiadora por la Universidad Autónoma Metropolitana, tiene experiencia en la gestión de proyectos educativos y museográficos y actualmente trabaja para el INBA y colabora con investigadores del COLMEX.


PALABRAS de Rocío en la presentación de la Revista Transeúnte 19-marzo-2010

Buenas noches a todos, gracias por acompañarnos. Buenas noches a la mesa.

     Agradezco a la Dirección de Educación y Cultura de la Delegación Azcapotzalco y muy especialmente a David Zaragoza y a la Casa de Cultura por el espacio y todo el apoyo.

     Si tuviéramos que describir en una ficha técnica el producto Revista Transeúnte, no bastaría con mencionar que mide 22 x 22 cm, que consta de 24 páginas contenidas en forros, que fue impresa digitalmente unas hojas en color, otras en negro; también habría que mencionar “lo otro” que contiene: un manojo de deseos y perversas intenciones, sujetados por un par de pequeñas grapas.

     En esa primera reunión (de la que habló Aura) encontramos que todo lo que teníamos en común era una imperiosa necesidad por gritar “aquí estoy, escúchame”.

     Algo así como cuando en medio del salón de clases de la primaria, uno deseaba levantar la mano y decirle a la maestra: “no creo nada de eso, creo que me mientes. ¿Cómo es posible que los dinosaurios se transformaran en gallinas?”

     Nos unía una cierta desconfianza en que los ríos de información que hablan de nosotros y nuestra vida en esta ciudad no reflejaran nuestros rostros al mirarnos. Y así comenzó la tortuosa historia.

     ¿Cómo decirle al otro qué estoy aquí, que pienso, que siento, que soy más que un número de la estadística, mucho más que una papeleta en las urnas? Así apareció la idea del contacto, de volver a vernos las caras, platicar y saludarnos de mano. ¡Hacer contacto, vaya problema!

     ¿Cómo, en medio de un momento donde la virtualidad nos absorbe como aspiradora y el ensimismamiento nos borra el rostro, podemos aspirar al contacto físico? Para quitarnos de problemas, podríamos lanzar una cantidad de comentarios al limbo de la web, pero eso no es suficiente. No queríamos simplemente ser otra fría serie de código binario.

     Imaginamos lo agradable que sería poder estar entre las manos que garabatean muñequitos en la clase, que tienen las uñas llenas de pintura de aerosol, que sujetan la chela en las cantinas, que cierran el portafolio para ir a casa.

     Supimos que nos gustaría ocupar el tiempo de un traslado en el metro, compartir el espacio de las mochilas junto al cuaderno de apuntes, que hojearan nuestras voces y les permitieran resguardarse entre el último número de El Chamuco y la novelota de Fuentes.

      Materializarnos en algo tangible y palpable, un objeto pequeño y nostálgico que se pudiera “tener” en las manos.

     Volvimos a casa a recuperar los escritos e imágenes que se comenzaron en algún momento y no fueron terminados por creer que a nadie le importaban. Que estaban allí, traspapelados entre los archivos viejos de la computadora y los cajones de “cosas” que uno, por alguna razón, se rehúsa a desechar.

     Todos, de un modo u otro, hacían referencia a nosotros mismos o a nuestra manera de vivir una ciudad que parece tenernos tan olvidados.

     En medio de las palabras y los colores de nuestros hallazgos desempolvados vimos emerger una tremenda muralla, construida con nuestro poderoso desconocimiento.

     Novatos, el proyecto de creación de una revista estaba cimentado en nuestras pequeñas habilidades concernientes a la disciplina en que nos ha encasillado la universidad, pero nadie tenía una experiencia editorial del tamaño de tan grandes expectativas.

     Cuando surgió la idea de “esto”, una revista, lo único que teníamos bien claro es que contendría letras y que entre tanta letra le vendrían bien unos gráficos; para que fuera más atractiva. Afortunadamente comenzamos a pensar en texto y en imagen.

     Surgieron las cuestiones sobre el texto visual y escrito, sobre la construcción narrativa y la sintaxis. Y brotaron y brotaron preguntas hasta chorrear el piso. Entonces decidimos que, podríamos intentar un equilibrio entre el texto visual y la imagen escrita, lo que se convirtió en la máxima y pesadilla de una meta a la que le falta mucho ejercicio.

     ¿Y qué hay de esa cosa llamada “estilo”? Cuando llegamos a esta pregunta, comenzamos con el problema del “otro”, ése, con quien queremos tener contacto. ¿Quién es? ¿Cómo es? ¿Qué hace? ¿Por qué habría de leernos? ¿Por qué habría de importarle?

     Y lo más cercano a una respuesta fue: “porque seguramente él ha pensado o sentido lo que yo, porque se parece a mí, porque su vida no es demasiado diferente a la mía, porque seguramente también siente que los emporios de la comunicación no le dicen nada, y sobre todo porque también está aquí”.

     Así que, si lográbamos hacer un objeto que en unas cuantas páginas pudiera recordarle un poco de sí mismo, habríamos ganado la primera batalla.

     La idea de un fanzine, como aquellas publicaciones underground muy subversivas generadas por grupos contraculturales, fue la primera que pareció viable. Pero para hacer honor a quién honor merece - al fanzine - necesitábamos ser un grupo que rindiera culto a algo o colgarnos de alguna contracorriente, lo cual no hablaba mucho de nosotros. Por lo que dejamos que esta cosa, llamada revista, fuera tomando su propia forma.

     Ante la falta de un concepto global como guía de estilo y las diferencias de forma y contenido entre cada colaboración, nuestro punto de encuentro fue el territorio, nuestra querida Ciudad de México. Así se forman, de una en una, colaboraciones que nos llevan, desde la ficción, a pensarnos en lo individual de las prácticas en la ciudad, al entendido cotidiano.

     Al no ser una revista especializada y apuntar a un público tan amplio, corremos el riesgo de que ese “tan amplio público” pueda no ser de asiduos lectores. Como estrategia, retomamos la idea de las letras acompañadas con gráficos, algunas formas familiares poco detalladas, unas manchas o marcas como primer gancho para el encuentro con el texto.
Pretendemos estar más cerca de algo como los maravillosos libros infantiles ilustrados, que de las sofisticadas explosiones de formas y colores de las revistas de diseño.

     Se procuró que, en los casos posibles, el autor estuviera completamente involucrado con la ilustración que acompaña sus palabras y la corrección de sus planas, que él fuera quien tomara las últimas decisiones de estilo e imagen. Este contacto disciplinario nos permitió conocer y entender más cercanamente el trabajo de todos.

     Como productores de artes visuales nuestra participación en medios impresos generalmente es para “adornar a”, o como “apoyo ilustrativo de”. Con suerte y un medio tiene unas páginas en couché donde presenta a un productor y su obra.

     Nosotros apostamos a que las colaboraciones visuales y las escritas sigan las mismas reglas del juego. Que el productor visual no tema que sus imágenes terminen en un viñeta o mutiladas por el formato.

     Como profesionales en nuestra rama, fuimos aprendiendo el camino de una publicación impresa. Tuvimos aciertos y tropiezos. Hasta ahora hemos logrado que el criterio de selección del contenido de cada número esté basado en el diálogo y la confrontación de perspectivas del equipo completo.

Así apareció la Revista Transeúnte.

     Visto hacia atrás, suena relativamente sencillo un proceso que se tardó en definir casi dos años de trabajo. Un producto titulado como el personaje citadino anónimo que se desplaza de aquí para allá.

     Porque la intención es No Estacionarse, es avanzar hacia donde sea que nos lleven las emociones y las ideas; fitipaldear en las avenidas; aventurarse a tomar un taxi; imaginar un universo paralelo que va de la ventanilla cuatro a la cinco del banco; tener pequeños encuentros eróticos en la red; reírse un poco en medio de la trágica violencia; porque se vale sentirse sólo; se vale imaginar que un día todo esto se derrumba.

     Se vale inventar personajes y tener varios rostros. Somos los transeúntes que huimos de una ciudad impuesta, hostil y caótica que a ratos parece engullirnos. Caminantes que paso a paso reconstruimos una geografía más amable producto de la experiencia de estar y vivir aquí.

     Sabemos que existen miles de transeúntes que también quieren levantar la voz y soltar unas cuantas maldiciones que hasta ahora han sido calladas por no encontrar la ventana para sacarlas. Por eso estamos aquí, porque éste puede ser el medio en que, de mano en mano, se escuchen esas palabras ahogadas.

     Éste no pretende ser el proyecto de unos cuantos, la idea es que en cada número se sumen nuevos colabores con los cuales tejer ese complejo entramado que es la Ciudad de México.
A los presentes, los invitamos a colaborar.

     Y a todos los que directa e indirectamente apoyan en el desarrollo del proyecto Transeúnte: Arte, Comunicación y Culturas, les damos nuestra gratitud. Por su atención, muchas gracias.

- - - -

Rocío Montoya Uribe es directora general y de arte del ejemplar #00 de la revista Transeúnte y forma parte de su consejo editorial.

Es Licenciada en Artes Plásticas egresada de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, artista visual y diseñadora.


Ha participado en más de 20 exposiciones de arte contemporáneo, individuales y colectivas, en gráfica, fotografía e instalación, en recintos como el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, el Auditorio Nacional, el Centro Cultural Jaime Sabines y recientemente en la Estación Indianilla.
 

Ex becaría Jóvenes Creadores del FONCA en el área de gráfica. Actualmente, es seleccionada por la Guía de Artistas Emergentes CUADRO 2009-2010 que se presenta en el Polyforum Siqueiros y en el Museo Reyes Mesa, y se encuentra preparándose para entrar a la maestría en Artes Visuales, con especialidad en Fotografía, que se imparte en la Academia de San Carlos.

viernes, 5 de marzo de 2010

Cero-gourmet: Estómagos Kamikaze



Para un transeúnte, comer en la Ciudad de México es un acto que requiere tener estómago kamikaze, ánimo suicida, espíritu aventurero, o en el caso menos exagerado, poco miedo a la enfermedad.

Y es que hay que ser honestos, la prisa que rige la vida capitalina deja poco espacio a la comida saludable, y los puestos ambulantes en las salidas del metro, el aceite hirviente, las salsas en cubetas, los saleros amarrados a estructuras de metal y paquetes colgantes de servilletas, son el escenario cotidiano del desayuno, comida o cena del defeño, escenario en el que a veces suceden comedias, y otras, tragedias que tienen su clímax cuando el baño se convierte en nuestra recámara, por una noche de infección estomacal.

     Lo he vivido, soy un transeúnte. Diario voy de casa al trabajo, del trabajo a la escuela, de la escuela con los amigos y los últimos años de mi vida las comidas en casa son un lujo lejano: la garnacha me sustenta, esa es mi realidad.

     Y como buen garnachero, tengo mis sitios favoritos y mis aborrecidos, los que frecuento y los que definitivamente evito,–al menos cuando estoy sobrio: a veces el alcohol no sólo turbia el juicio, también distorsiona el gusto—, y hoy comienzo este blog en que, en un acto de honesta intención de compartir, me convierto en crítico-gastronómico-callejero-mágico-musical, título que sustentan mis años de experiencia. ¿Sirve de algo decir que trabajé de pinche en dos restaurantes?

     A veces desempeño el mismo rol en la vida y hoy me preguntan: Pinche Ricardo, ¿no tienes nada mejor qué hacer que escribir de lo tragón que eres? Sí, pero esto, además, me divierte.
Hermanos, hoy digo: ¡Hágase este blog! Y el blog se hizo.